Riña callejera -de mujeres
En su intento por separarlas, Oscar abrazó a su esposa, pero ella logró sacarle el cortacartón que llevaba en el bolsillo trasero. Alcanzó a desenvainar la hoja e hizo un nuevo intento por avalanzarse sobre Marión. Al tiempo que le gritaba: "te voy a cortar maraca culiá", su marido la tomó de la muñeca y pudo neutralizarla. Hacía varios días que la mujer de Oscar andaba buscando a Marión para vengarse, pues ésta se había metido con su esposo. Ella había faltado al trabajo un tiempo, con la esperanza de que la amenazante se cansara de esperarla a la salida de la pega. Apenas Marión regresó a las faenas, el "correo de las brujas" se encargó de avisarle a la señora de Oscar. A los pocos minutos de finalizada la jornada laboral -de medio día- alguien nos avisó de que la ofendida había interceptado a Marión en la esquina; que se bajó de la bicicleta casi corriendo y se tiró sobre la "patas negras". La mayoría corrió a ver la pelea, algunos para tratar de separarlas y otros sólo por el placer de mirar una riña entre mujeres. Con esa habilidad propia de las féminas -de realizar varias actividades al mismo tiempo-, estas dos mujeres se dieron con todo: golpes de puño, cachetadas, rasguños, tirones de pelo, patadas y rodillazos. Marión, corpulenta y más alta, unos días después me comentó -mientras me enseñaba los arañazos que la susodicha le dejó en el cuello- que su rival se le había ido como un torbellino, pero que así y todo ella le había podido conectar unos cuantos "cornetes": "igual le encajé una chuleta en plena zorra" -me dijo orgullosa.

