Rasputín: ¿Estás preparada para el relato de la monjita pervertida?
Karla: Ok man.
Rasputín: Esto ocurrió en el año 2000, en Valdivia.
Yo había llegado con mi amigo pescador a trabajar en la administración de una lancha que capturaba bacalaos.
Nos alojamos en una pensión familiar, que estaba compuesta por la ama de casa y dos hijas: Andrea, de 20 y Alejandra, de 12.
Con Andrea nos llevamos muy bien, y comenzamos a tener onda. Pero la relación no pasó de algunos atraques locos. Era una amistad con un poco de licencias.
Un día Elisa, la mamá de las chicas, conoció en la calle a Carola, una muchacha de unos 28 años, que había llegado a cuidar una casa del sector. Pero esa vivienda había sido un conocido prostíbulo de aquel barrio obrero.
Carola vivía sola con 12 perros, en unas habitaciones que casi se caían a pedazos. Toda la casa estaba llena de pelos, orines, excrementos, los cuales expelían un olor asfixiante.
Elisa supo que Carola había sido monja, pero que la habían expulsado del convento al ser sorprendida besándose con un seminarista.
Por lástima y solidaridad, Elisa comenzó a invitar reiteradamente a Carola a la pensión. En una de esas, empezaron los carretes, el bailoteo y los copetes.
Carola se relajó y nos contó su verdadera historia: ella había sido expulsada de la orden porque la habían descubierto en una relación lésbica con otras monjas.
Pero eso no era todo.
Ella ahora estaba emparejada con Magi, una antigua trabajadora sexual y habitante de ese prostíbulo que ahora estaba convertido en un corral de animales.
Y no sólo eso.
Carola y Magi regentaban una red de tráfico de cocaína, la cual distribuían desde Santiago hasta Valdivia. Magi vivía en la capital, en las torres de San Borja, desde donde controlaba las operaciones de su amante.
Cada cierto tiempo llegaba a visitarla, y se encerraban por varios días en aquella derruida vivienda.
En una oportunidad, organizamos una fiesta, para demostrarle a Carola que no teníamos ningún prejuicio y que la aceptábamos tal cual era. Después del alcohol y los estimulantes, Carola inició su asedio a Andrea. Se había empeñado en seducir a esta muchacha, pues ella decía que ninguna mujer era capaz de resistírsele. Alardeaba con que durante su estadía en Chillán, trabajando como barwoman, había conquistado una tras otra a las parroquianas, a las cuales dejaba locas de placer.
Yo le sugerí a Andrea que no se opusiera a los encantos de Carola, que la toreara un rato. Finalmente, aprovechando que Andrea se metía en el baño, Carola entró con ella. Nunca supe lo que realmente pasó, pero las paredes temblaban y ambas salieron después de un rato muy agitadas.
Al rato, Carola me confesó que nunca había sentido atracción por un hombre, pero que conmigo era distinto. Que yo no era un "macho" típico, sino que veía en mí a un ser muy femenino. Su intención era que yo le brindara su primera relación heterosexual. Me tomó de un brazo, me sentó en sus piernas y quiso besarme.
Lamentablemente, a mí ella no me gustaba. Así que me corrí y le propuse que lo dejáramos para otra ocasión. El tiempo pasó y me la volví a topar en Santiago, mientras compraba algunas cosas en el Unimarc de Portugal.
Nos saludamos, me recordó que teníamos un asunto pendiente, que ella le había contado a Magi de mi existencia, y que ambas me darían una “sorpresa”. Me dio su teléfono y quedé en llamar. Pero el recuerdo del olor a ese enjambre de perros, me mató cualquier atisbo de entusiasmo, y nunca la llamé. FIN
Karla: ¿ni siquiera por experimentar?
Rasputin: La firme es que, lamentablemente, ella no me atraía.
Karla: ah...eso es otra cosa.
Rasputín: Me habría gustado mucho que ella me atrajera un poco, pero no me provocaba en lo más mínimo. Pero en fin, igual fue loco.
Karla: pensé que me contarías algo perverso…
Rasputín: Pucha, lo siento...
Karla: pero el relato fue muy realista, me pareció como si lo estuviera viendo en una pantalla.
Rasputín: Eso está bien, por lo menos lo disfrutaste un poco... esa era la idea.
Karla: Ok man.